Shoah: se acostumbraron
Hace 2 días
Marta mira extrañada un cuadro impresionista. Aquel cúmulo de puntos apenas logra decirle nada.
Novela del japonés prolífico oriundo de Kyoto, cuenta con una sugestiva trama y una fácil lectura; se trata, esta vez, de uno de los libros anteriores a su éxito “Tokio Blues”, donde un inmenso poder metafórico y la construcción de mundos interiores llenos de bellas imágenes, pueblan una trama anodina, donde prevalece la descripción de acciones cotidianas y donde son múltiples las referencias a la música clásica y el jazz, que poblaron su juventud. Eso, y una concepción del amor, el sexo y la muerte como indisolublemente relacionadas, caracterizan la vida de Hajimo, un introspectivo muchacho, que nació el primer día de la segunda cincuentena del siglo XX y a quién ha marcado profundamente desde niño su condición de hijo único. De esta forma, nos encontramos con una persona reservada con el mundo que le tocó vivir, pero no tímido, y que posee una inteligencia y un talento, que a veces le llevan a ser autodestructivo, no sabemos si porque su universo emocional es excesivamente complejo, o por poseer una inseguridad vital y algo infantil, que le lleva a querer afirmar y reafirmarse sexualmente gracias al éxito en el trabajo.
Con la universidad, Hajime se traslada a Tokio y empieza a vivir una existencia tediosa, donde los aburridos estudios de Literatura, la natación diaria y algún trabajillo esporádico y temporal, cubren su rutina. Conoce a otras chicas y rememora con dulzura su relación con Shimamoto, de tal forma que persigue por las calles de la ciudad a muchas chicas que son o parecen cojas; conoce también a una estudiante de Farmacia, insegura ante su porvenir laboral, pues no sabe si quiere trabajar en el negocio familiar. Su existencia durante la veintena es tediosa, poco comprometida y un agujero negro de aburrimiento para él. Una vez, persiguiendo a alguien que le parece Shimamoto, pero a la que no se atreve a preguntar, se encuentra con que su novio le paga cierta cantidad, por dejar de seguirla y dejarla en paz. Es en esta época cuando acepta un trabajo en una editorial, como supervisor de libros de texto, que le parece un auténtico coñazo, pero en el que las labores son tan rutinarias, que le permiten pensar en otras cosas, mientras las hace.
Subversiva y entretenida hazaña épica, que tiene la baza de los personajes y los actores, frente a otras películas del mismo autor, cuya importancia corría de la mano del juego narrativo con el tiempo, y es que esta nueva película de Tarantino, sin abandonar para nada la bestialidad y violencia gratuita, sabe jugar muy bien con el ritmo de lo que ocurre y por qué ocurre; tal vez sea la falta de flash-backs y la existencia de guiños que pertenecen más a la megalomanía de los nazis que a la historia, lo que define un estilo como siempre, más literario que histórico sobre la guerra y una visión algo descerebrada y kitsch de la muerte que los bastardos judíos americanos practican, rebanando cabelleras y practicando dolorosas extracciones que recuerdan a las lobotomías que popularizaron, sin embargo, los alemanes por aquellas fechas. No obstante, si alguna virtud tiene el producto, es que no da lugar al aburrimiento; durante los 150 minutos de proyección, el espectador ni se inmuta, ni desiste, y eso en un film donde la carga de los diálogos es importante y donde podría predominar lo escabroso, denota que la sabiduría cinéfila del realizador es amplia, para saber empatizar, gracias al trabajo de unos actores que son poco habituales en su trayectoria, pero que al ponerse en sus manos, dan fe de su profesionalidad.
Novela narrada de una forma escueta y minimalista por el escritor, autor de “No es país para viejos”, cuenta la vida de un padre y un hijo vagando y procurándose víveres, con intención de sobrevivir, en una carretera comarcal desde la que se ve una gran ciudad y hasta llegar a un sitio donde parece haber costa. Narrada desde el mismo punto de vista de la carretera y los accidentes geográficos y geológicos que va encontrando, el autor es deudor de una estética violenta y decadente, que tiene en los asaltadores de caminos del western, su imagen más rotunda, deudora de Faulkner y sobre todo, narrativamente, de un Richard Ford crepuscular. Tiene además, “La carretera”, elementos que deterioran cada vez más el paisaje, debido a que sus dos anónimos protagonistas, perdedores y náufragos de la vida, están o se sienten a punto de desaparecer, ya que sus soledades les llevan a ser lo que miran, más que lo que comen, lo que hacen, más de lo que son; en este sentido, viven al límite y sienten no estar viviendo; lo que el subtexto nos lleva a pensar es que son pobres y vagabundos, gente sin horizonte, que ha pasado de la normalidad de la riqueza, a ser sólo amigos de sí mismos, pero a pesar de todo, existen los afectos, pues son padre e hijo.
Cuando empiezan a aparecer asfaltos y campos quemados, cuando la aridez apenas permite que se desarrollen sus movimientos, sienten que el páramo que recorren gracias a algún desvío es distinto, esto es, sin quererlo apenas han viajado, se han movido de una ciudad a otra y siguen ahí, vivitos y coleando, si bien más tristes y con más dolor, y sin saber ciertamente por qué. La llegada a la playa les hace acercarse a un navío, donde investigan y buscan modos de avituallamiento; encuentran una pistola y entonces se les ocurre disparar y montar una fabulosa fiesta para celebrar que están vivos, así por lo menos lo siente el niño, pero el padre no puede más, siente morirse y como durante el viaje se le han ido la mayor parte de fuerzas vitales que tenía, y si bien se identifica con el espíritu rebelde de usar la pistola, seguramente sería más con intención de hacer desaparecer a alguien, antes que para manifestar un regocijo fuera de lo común.
Superproducción de catástrofes veraniegas (por la fecha de estreno) entretenida, que narra en clave de acción y thriller, el secuestro de un vagón de tren de la red pública de transportes de Nueva York, a cargo de un grupo de ex empleados y peligrosos asesinos, el jefe de los cuales llega a ponerse en contacto con el jefe de la zona de vías, un tal Walter, que en principio oficia de mero funcionario de cara al secuestrador de víctimas inocentes, llegando a implicarse de tal modo que, será el mismo quién les entregue el dinero que exigen por liberar el vagón principal.
Grata novela escrita por un polifacético autor francés, reconvertida en best-seller para el gran público (sólo en España, va en dos meses, por la 5ª edición), narra en clave de fantasía y ensoñación realista, el mundo de la búsqueda de las segundas oportunidades en el amor y en la vida. Original, inquietante y asombrosa es ésta, la historia de Julia, una infografista que trabaja en una producción de dibujos animados y va de tiendas con su marido Adam, con ánimo de comprarse su traje de bodas, pues en menos de una semana, se casa. Justo en ese momento, recibe noticias de su padre, por parte de su secretario; le extrañaba que no llamase, pues la invitación a su boda le debería haber llegado, sin embargo el motivo de la llamada es otro: su padre, atravesando un semáforo por calles parisinas, ha sufrido un infarto fulminante que lo ha hecho morir. El secretario llama porque su féretro será llevado desde Europa a la ciudad de Nueva York, justo la tarde en que estaba planeada la boda con Adam. Stanley, un amigo homosexual de Julia, le dice que no debe precipitarse en las decisiones, a la hora de anular uno u otro evento. Aún así, la boda se posterga sin más, y Adam acude junto a su prometida al velorio, donde vive algún episodio que ya le hace dudar de su amor con la joven. Para que el duelo dure lo menos posible, a pesar de la intensidad de los recuerdos, Julia se sumerge en la vorágine laboral, intentando sacar adelante un proyecto del que es protagonista una nutria; los dibujantes y animadores se ven bloqueados sobre qué tarea llevar a cabo y ella es la directora que trata de encauzarlos y mandarles hacer, hacia un destino determinado.
Julia y Anthony tratan de seguir los pasos invisibles de Tomas; por ello, desde América, llegan al aeropuerto de París y de allí, cogen un coche alquilado hasta Berlín. Julia busca a su amado a través del reportero Knapp, del que perspicazmente y gracias a Internet, el robot da con su paradero; él le cuenta que su mejor amigo de infancia vive en Roma, con su mujer Marina. Es entonces cuando el padre le comenta que, de la época en que le daba por muerto debido a que pisó una mina en la URSS, guarda una carta que jamás le enseñó y en que el tipo, vive obsesionado por reencontrarla. Además fue Anthony quién interrumpió su relación, al presentarse en el apartamento de Tomas, partirle la cara y llevársela de su lado, cuando sólo tenía 19 años; es veinte años después de escrita, cuando lee este mensaje, del que no sabía nada. Entonces Julia vuelve a hablar con Knapp, le confiesa toda su historia, dando la casualidad que el chico va a Berlín esa tarde. Anthony robot le cuenta a Julia sus amores de juventud con su madre, una bailarina del Lido, a la que conoció en París y que conquistó con grandes esfuerzos. Tras tratar de reconocerlo en vano en el aeropuerto, se produce el mágico reencuentro, aquel que cambiará la vida de la protagonista enciernes, mezclando con maestría técnica azar y necesidad anímica y literaria.
Entretenida y agradable comedia veraniega, realizada por un equipo artístico semejante al de “Mi gran boda griega” y con la producción de Tom Hanks, narra la vida de una profesora de Historia universitaria, que debido a que es despedida de su puesto, acepta trabajar para una agencia de viajes como guía turística; allí, en la oficina, es algo maltratada por su jefa, que le ofrece siempre a los turistas más llamativos y que no le dejan hacer su trabajo. El entorno a visitar es toda Grecia, desde un pueblucho de la costa del que se parte, y al que se llega. La chica sabe que éste es un trabajo temporal, y por ello no le va en él su vida; además, el hecho de que en las encuestas y buzones de sugerencias, la hayan calificado siempre con la peor opción (aceptable), dice mucho de su escaso don de gentes. Por el contrario, en la agencia existe un guía competencial, que siempre sabe entretener y tener agradecidos a sus viajeros, en parte porque son canadienses, y su carácter es mucho más dócil. Además, a ella le han asignado como conductor de autobús a un melenas que no habla y se llama Popi Cakas, nombre que siembra y causa el cachondeíto de más de uno.
Premio Herralde y Nacional de la Crítica entre otros, supone esta novela un híbrido de diario, diccionario de autores malditos y autoficción, que la crítica ha dado en aplaudir, a pesar de que contiene observaciones y reflexiones deslavazadas y a veces enlazadas por hilos meramente circunstanciales, que dan en aglutinarse en novela con muy poco diapasón o ritmo, siendo la idea narrativa la de un cajón desastre de experiencias, viajes y lecturas que el autor promociona en cada foro al que acude. No es el defecto de “El mal de Montano” que su autor haga metaliteratura, pues lo consigue integrar con líneas de pensamiento más veraces en “Bartleby y compañía”; aquí el problema parece más estructural, y teniendo en cuenta que el protagonista es un novelista que quiere vivir, a través de las vidas de otros, su propia experiencia, nos encontramos con autores como Robert Walser, Kafka o Musil, que son muy recurrentes para crear una estética de vacío que entronca con la filosofía bartleby sin definirla, y sin embargo pasa de puntillas por autores como Borges, de quién se adivina una existencia atribulada por ser tan gran lector, que incorpora otras fábulas en sus gestos. Todo ello podría venir a cuento, si la disquisición versara sobre la originalidad en el arte, pero como de hecho no es así, y se tiende a ver la literatura como una enfermedad desesperante y desesperada, autodestructiva a veces, y otras, ágrafa, resulta todo confuso y contradictorio y da la impresión de que el autor prefiere como tema la vanidad del escritor, y en este sentido convertir a su personaje en literatura, antes que recorrer los caminos sencillos (que no simples) de lo metafísico o filosófico; en este sentido, parece como si en el centro de este proyecto, existiese un agujero negro que puede querer simbolizar las neuras del protagonista, que no son propiamente, el bloqueo ante el folio en blanco, sino ante el exceso de libros que asfixian y le llevan, a tomarse unas vacaciones lejos de ellos en Chile; allí, el protagonista conoce a un actor, a quién habla de Saint-Exupery y su afición por los aviones; no es, por otro lado, el protagonista un letraherido a la vieja usanza; de hecho, su hijo, que sí lo es, y que vive abrumado porque en la ciudad de Jules Verne de Nantes, donde vive, todos escriben, supone una amenaza, porque lejos de ayudarle por más que se enmascare en crítico literario, el hijo Montano es un vampiro, que con argumentos freudianos, quiere matar al padre.
Por otra parte, el protagonista vive en Barcelona con su esposa y agente Rosa, que le prepara una sopa de letras cuando vuelve a la ciudad condal para resarcirse, y le dice que se va a trabajar con John Cassavettes a pesar de que ha muerto; comienza así el diccionario de diaristas ejecutado por un tímido, donde aparece desde Salvador Dalí, Franz Kafka, Robert Musil, Cesare Pavese o Pessoa, hasta lectores escritores más contemporáneos, como Alan Pauls, o César Aira; el intento de reencontrarse consigo mismo gracias a la literatura, lejos de hacerle más lúcido, le hace perder espontaneidad en sus apreciaciones, lo que hace que todo intento, que suponga viajar en hoteles por Europa o América, o recordarlos, le hace desdeñar su fondo de novelista y hasta de escritor de diarios sin sentido; quizás el estudio de Soares Gamboa y de “El libro del desasosiego” de Pessoa, marque un antes y un después, pues ya no sólo hay que contar con la idea en los heterónimos del doppelganger o doble, sino tener la capacidad de suponer a este doble como impostor, y lo que es más, como muerto en vida; idea ésta kafkiana, que quizás descubra el interés primigenio, y que llega hasta el final por la cita, la frase bien escrita u ocurrente, que a veces deslinda las pretensiones del novelista, premeditadamente en ensayista, estudioso o médico de su propia enfermedad, como si el paciente se autodiagnosticara.
Intenso y lento drama de gran profundidad psicológica y una enorme carga trágica, se trata del primer guión original y no adaptado de su director en años, pero la historia viene sugerida por su película anterior “Juventud sin juventud”, en la que a pesar de trabajar con material ajeno o de otros, se le ocurrió la idea de los personajes de ésta, así como el hecho de utilizar el blanco y negro para el presente, parecido al de las películas clásicas de Bresson o Kurosawa, utilizando sin embargo el color para los flash-backs. Ambientada en una ciudad argentina llamada La Boca, se narra el encuentro entre dos hermanos, después de 10 años de separación y a los que les une la presencia de un padre expansivo y algo tirano, director de orquesta multimillonario. El recién llegado se llama Benjamin y apenas cuenta 17 años, se alistó joven en la marina, pero con el tiempo se ha dado cuenta de que lo hizo sólo porque le sentaba bien el uniforme. Benjamin admira a su hermano Angie Tetro, pero éste vive las secuelas de un accidente de tráfico, que le obliga a andar escayolado y con muletas; de hecho, la noche que Bennie llega a casa, Tetro no sale ni a recibirlo, pues ya duerme; en su ausencia, lo recibe la candorosa Miranda, su novia.Blog sobre lo divino y lo humano, relatos, chascarrillos, vídeos, fotos,...